Jacaru* y Cauqui* —
al Borde del Silencio...
* nota sobre los nombres que se dan a estas idiomas, y su escritura
Dante
Oliva León
Publicado en marzo de 2002 (en versión editada más
corta que esta)
en el diario La República, Lima, Perú
Jacaru y Cauqui, al Borde del Silencio
Entrevista I: con Juan Carlos
Godenzzi
Entrevista II: con Rodolfo
Cerrón-Palomino
Entrevista III: con Luís Vásquez
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Los Tres del Cauqui
Jacaru y Cauqui, al Borde del Silencio
El cauqui y el jacaru son dos lenguas nativas de Yauyos, en la sierra central del departamento de Lima, a la par que parientes cercanos del aimara altiplánico. El desplazamiento masivo de los elementos culturales y lingüísticos indígenas, correlato constante del accionar político de nuestros gobiernos y sociedad desde la época virreinal, ha logrado el casi exterminio de estas lenguas, condenadas a un cercano silencio.
Las lenguas permiten a las sociedades entablar una relación cercana con su entorno, les permiten ordenarlo, interpretarlo, comprenderlo. Cuando una lengua está al borde de su extinción, entonces, quien agoniza es la sociedad en la que ella está implicada, quien agoniza es el hombre mismo. Aquello que se desvanece, sin duda, no son solamente construcciones gramaticales, también son las construcciones que una sociedad ha tejido de su universo, donde sus propias afecciones se ven involucradas.
En el poblados de Cachuy y Tupe agoniza el hombre; muere una lengua, “pide auxilio” la otra.
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Isla Cultural
Los
Tres del Cauqui
El santuario de Cachuy se ubica en la provincia de Yauyos, en el departamento de Lima, consta de un aproximado de 300 habitantes y es famoso por ser foco de devoción de la imagen de “El Señor de Cachuy”. La fiesta religiosa tiene lugar hacia fines de mayo, época en la que acuden gran cantidad de fieles. El camino hacia el poblado no es fácil, 7 horas de subida a pie (a casi 3000 msnm) desde Canchán, donde se halla el último tramo de carretera afirmada (a 5 horas de Lima Metropolitana).
Pero Cachuy no sólo es célebre por la mentada fiesta religiosa y su consecuente carácter de santuario (actualmente, incluso, existe un litigio penal entre la comunidad y el “Opus Dei” por irregularidades en el manejo de las arcas del pueblo durante las épocas de la fiesta religiosa). El pueblo es además testigo de la muerte de lo que fue su lengua nativa, el cauqui, consecuencia de la imposición del español y la cultura urbana.
Las últimas huellas del caqui, pariente cercana del aimara altiplánico y del jacaru hablado a pocos kilómetros de Cachuy (en los poblados de Tupe, Aiza y Colca) están encarnadas en sólo tres personas, sus últimos hablantes maternos. Dos de estos hablantes son ancianas mayores de 80 años que lidian con la sordera y los achaques propios de su avanzada edad (Serafina Mateo Clemente y Alejandrina Luciani Pérez). Asimismo, el caso del hablante menor, Valerio Luciani Ascencio (57) tampoco es muy alentador.
En efecto, Valerio Luciani, el menor de los últimos tres hablantes de cauqui y hombre dedicado a las labores cotidianas de trabajo de su comunidad (el pastoreo y la agricultura), aprendió esta lengua durante su temprana niñez gracias a su abuela. Su caso es particular porque fue con él con quien la lingüista norteamericana Martha Hardman intentó infructuosamente llevar a cabo una política de planificación lingüística que lleve a la comunidad al empleo constante de su lengua nativa. Asimismo, ante los foráneos, Valerio Luciani suele mostrarse hermético en el asunto de su lengua, silencioso, “es que yo me acomplejo”, dice.
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Lengua y Cultura en Extinción
Isla Cultural
Tupe, Aiza y Colca son tres comunidades también dedicadas a la labor agropecuaria (es común el empleo de la taclla para la labranza y los andenes) y guardan estrecha vinculación cultural entre sí. Los tres poblados celebran dos fiestas anualmente. En febrero, el carnaval de “La Virgen de la Candelaria”; en agosto se lleva a cabo la celebración más tradicional, “Vaca Taqui” (Fiesta de la Vaca), en donde los pobladores visten con ornamentos a su ganado vacuno, mientras éste es “marcado” por sus dueños (“haerranza”), al compás de los festejos y la música tradicional que lleva el mismo nombre.
El caso de estas tres comunidades, a pocos kilómetros de Cachuy (hay una trocha que los une a través de una caminata de 14 horas, aunque se puede llegar allí desde Catahuasi en sólo 7), resulta muy particular tanto para el foráneo común como para el antropólogo y el estudioso social.
La manutención de costumbres ancestrales; tales como el empleo mismo de la lengua jacaru, el color rojo y negro de la vestimenta de las mujeres, al igual que el temperamento dominante que las caracteriza (Tupe y sus dos anexos ha sido considerada, tradicionalmente, una sociedad matriarcal); han llevado a los científicos sociales a catalogar estos tres pueblos como una “isla cultural”. En efecto, tales vínculos de identidad han podido ser conservados debido a una escasa influencia cultural foránea.
Sin embargo, no es el caso que aquellos elementos que componen la “isla” de Tupe, Aiza y Colca no se hayan visto perturbados por el avance desmedido y atropellador de elementos culturales occidentales y citadinos. Más aún, en el caso lingüístico, el español, al igual que en Cachuy, ha desplazado paulatinamente el empleo del jacaru en la región (reduciendo la cantidad de sus hablantes a 1500 aproximadamente). Hoy, por ejemplo, los niños de Tupe aprenden jacaru sólo después de hacer lo propio con el español.
Asimismo, los esfuerzos de la lingüista norteamericana Martha Hardman, quien desde su llegada al Perú hace casi 40 años no ha cesado en su labor investigadora en la zona, además de haber entablado vínculos afectivos muy fuertes con sus pobladores (como estar casada con un nativo de Tupe), por la organización de una planificación lingüística han sido infructuosos.
Sólo hace menos de un año, el Ministerio de Educación ha colocado sus ojos en el asunto de la problemática lingüística en Yauyos. Así, se ha elaborado bajo la tutela de los lingüistas Nelly Belleza (nativa de Tupe) y Luis Vásquez un manual pedagógico que aún no ha sido impreso para establecer una política lingüística de recuperación de lengua. Curiosamente, Martha Hardman se ha mostrado algo reticente ante el tardío, pero aparecido, esfuerzo.
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Fiesta de la Candelaria 2002
Lengua y Cultura en Extinción
Es cierto que los contactos culturales son capaces de enriquecer el saber de las sociedades implicadas en ellos. Sin embargo, no ocurre lo mismo en una situación de “imperialismo cultural” o de “imperialismo idiomático” (como bien a denominado el lingüista José Luís Rivarola los accionar y avance de la lengua española frente a las indígenas). La extinción paulatina de las lenguas nativas de nuestro país constituye en tal sentido un alarmante ejemplo, sinónimo de violencia contra las sociedades indígenas. Así, todavía predomina en el común de las personas la idea retrógrada y errada de que en las lenguas y cultura nativas sólo existe atraso y decadencia. Tal prejuicio evidencia su naturaleza al observar que el atraso y la pobreza de nuestro país se encuentra no sólo en las comunidades indígenas, sino que también en las demás esferas sociales de nuestro país (y en general de Latinoamérica). Entre otros aspectos, el de la pobreza del diálogo intercultural, plurilingüístico, es uno de los factores de los males que afectan a nuestra sociedad.
Desde la época colonial, la tendencia paulatina frente a los elementos culturales nativos americanos ha sido la de desplazarlas y nunca la de introducirlas en un plan conjunto de crecimiento y desarrollo social. Las políticas lingüísticas en nuestro medio, asimismo, o nunca han existido, o han resultado insuficientes debido a la falta de correlatos de orden socioeconómico (durante la época colonial sólo fueron asimilacionistas y glotofágicas).
Lejos de la romántica, indianista, postura de preservar lo nativo por el hecho de ser “curioso” o “raro” para los ojos del citadino, deberíamos entender y considerar, ajenos de prejuicios coloniales, el intrínseco valor depositado en el acervo cultural indígena. En el caso del cauqui de Cachuy la suerte está echada y su lamentable destino predicho, sin necesidad de oráculo alguno. Esperemos que lo mismo no ocurra en Tupe.
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Entrevista I
Fiesta de la Candelaria 2002
Al igual que Puno, Tupe y sus dos comunidades anexas (Aiza y Colca) celebran la Fiesta de la Virgen de la Candelaria. Tal coincidencia se debe, quizás, a la afinidad cultural existente entre ambas sociedades a pesar de la brecha geográfica que las separa, como ocurre con el caso de sus lenguas, el aimara puneño y el jacaru tupino (de acuerdo a la nomenclatura del Dr. Cerrón-Palomino, ambas no serían sino dos expresiones del denominado dialecto del aimara central).
La festividad toma como día central el 2 de febrero. Mientras que en Puno la fiesta suele extenderse desde fines de enero hasta casi las dos primeras semanas de febrero, en Tupe la fiesta culmina entre el 4 y el 5 del segundo mes del año. El escenario principal es la plaza de Tupe, en donde se halla la única iglesia para las tres comunidades. Ya desde la madrugada del 2 de febrero la quema de fuegos artificiales y la música de la banda anuncian el inicio de la festividad. Durante la mañana se puede escuchar la banda de músicos siguiendo los pasos de las mayoralas a través de las casas de Tupe para animar a la gente.
A las 4 de la tarde, antes de que el pueblo cargue el anda con la imagen de la virgen a través de la plaza, la lluvia se une a la fiesta mientras una comparsa compuesta en dos filas por mujeres tupinas baila frente a la iglesia ante los ojos de algunos europeos asiduos, un grupo de universitarios limeños y los mismos integrantes de la comunidad (quienes en todo momento se muestran muy amables y cálidos).
Al caer la noche, los mayordomos son quienes se encargan de la iluminación con la ayuda de candelabros portátiles, caminando a través de la plaza y del Local Comunal, donde los tupinos ofrecen alimentos gratuitamente a todos sus visitantes. Al mismo tiempo, son los mayordomos de la fiesta quienes se encargan de servir el “quemadito” y el “chamiscol”, los licores típicos de la zona (hechos a base de hierbas aledañas).
La fiesta se dilata hasta muy entrada la noche. Mientras la humedad de la lluvia se disipa, no se disipa nunca el bicolor rojinegro de la mujer tupina ni la algarabía del baile.
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Entrevista II
Entrevista I
Juan Carlos Godenzzi Alegre, actual Director Nacional de Educación Bilingüe Intercultural, del Ministerio de Educación, responde algunas interrogantes sobre el desempeño actual del Estado en política lingüística.
1. ¿Qué he hace para la preservación de lenguas
indígenas y para combatir el prejuicio de que son inferiores?
El Ministerio de educación se ha planteado tres objetivos principales. En primer lugar, atender niños andinos y amazónicos cuya primera lengua es distinta al castellano. En segundo lugar, elevar la calidad de la educación de esos niños porque suelen recibir una de bajísima calidad. Y en tercer lugar, tratar el asunto de la identidad cultural. Estos tres puntos, que son muy sencillos pero a la vez complicados, orientan nuestra actividad. Actualmente estamos trabajando con 10 lenguas amazónicas, 5 variedades del quechua y con el aimara sureño y el de Lima.
2. En el caso específico del cauqui y el jacaru, o
variantes del aimara central, ¿qué se está haciendo?
Bueno, esta zona no está dentro de nuestro ámbito de intervención más fuerte. Recién estamos atendiendo esta zona por demanda de la municipalidad y la población. Es interesante que frente a la posibilidad de que esta variante del aimara se pierda, la población ha reaccionado, no quieren que se pierda. Hay gente como Nelly Belleza o Martha Hardman que han escrito gramáticas.
3. Pero el trabajo de la Doctora Hardman no ha
sido elaborado junto al del ministerio.
El objetivo es el mismo, que la lengua no se pierda y que sí se desarrolle y se emplee como medio de aprendizaje en las escuelas, al mismo tiempo que valorarlas. Desde el punto académico, Martha Hardman ha descrito la lengua, ha publicado cosas y le interesa lo educativo, aunque hay un problema con el alfabeto que ella usa… Es mejor sujetarse al alfabeto que se emplea en todo el Perú por disposición del Ministerio, nosotros lo usamos, ella no lo usa.
4. En las comunidades de Tupe y sus anexos (Aiza y
Colca), los niños primero aprenden español y luego jacaru. ¿No está esta lengua
en extinción?
No necesariamente. La población ha reaccionado y hay la voluntad de enseñarla en las escuelas. Los materiales que hemos hecho apuntan a eso… Si va a morir o no, no lo podemos predecir.
5. ¿Pero se usan estos materiales en la zona?
Por parte del Ministerio hemos hecho un cuaderno de trabajo, en el mundo académico hay otros textos, pero es escaso de todas maneras. Yo creo que es un desafío para todas las lenguas indígenas de América Latina tener una mayor producción de textos con escritura.
6. ¿La política lingüística que el Ministerio de
Educación ejerce está acompañada de un correlato socioeconómico que beneficie a
las poblaciones en cuestión?
La política lingüística no se reduce a un asunto de dinero, es algo mucho más complejo. Este año ha habido dos reuniones nacionales para elaborar un documento que se llama “Política Nacional de Lenguas y Culturas en la Educación”, limitado a la educación, claro. No podemos ejercer una política de culturas general, que es una cosa más amplia. Este documento, en opinión de algunos expertos no hay uno mejor en América Latina, está encaminado a su oficialización, de manera que el año 2002 ya lo estaremos empleando. Asimismo, éste no se limita a la educación multilingüe y multicultural de indígenas sino que considera que todo sistema cultural debe de afrontar la diversidad sociocultural y lingüística. Esta realidad nunca se ha afrontado pedagógicamente, ahora debe hacerlo. Sí hay una perspectiva de política lingüística en el Perú.
7. ¿Y cómo se combate el prejuicio de considerar
inferior a lo nativo?
Bueno, tomemos en cuenta el asunto de la “interculturalidad”, concepto nacido en la educación bilingüe hace 30 años. Yo diría que ése es el gran aporte del movimiento indígena a la educación. Esto debe ser tratado en todas las escuelas del Perú. Incluso, queremos propiciar el empleo de lenguas indígenas en zonas urbanas. Nuestros equipos están conformados por lingüistas, pedagogos, sociólogos y sicólogos; y el capital que usamos es del tesoro público.
8. ¿Es coherente la política lingüística ejercida
por el Ministerio de Educación?
Hay dos aspectos implicados aquí, el de la ley y el de los hechos. Puede haber una estrategia muy avanzada pero si no tiene un correlato en la población y la sociedad, de nada servirá. Yo creo que hay que hacer un trabajo de cambio de la cultura lingüística de la población. Ella piensa que una sola lengua es mejor, una lengua nacional y que la diversidad lingüística produce atraso. Todo está metido en nuestra cabeza, tenemos el mito de Babel, lo que la gente piensa del quechua… Hay, además, toda una lingüística folclórica que está presente y actúa en la academia cuzqueña; un caso muy interesante. Lo que vamos a promover nosotros es que se promueva una ley de lenguas y culturas. De hecho, ya tenemos un consultor que está trabajando al respecto en un nivel constitucional.
9. Estamos en el inicio…
Sí.
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Entrevista III
Entrevista II
Rodolfo Cerrón-Palomino es una de las figuras más destacadas en el panorama del estudio de las lenguas andinas en nuestro medio. Doctor en lingüística de la Universidad de Illinois, miembro de número de la Academia Peruana de la Lengua y docente del Departamento de Humanidades de la PUCP, atendió algunas observaciones sobre lo que significa una política lingüística –planificación y conservación de lenguas vernáculas- coherente en un país como el nuestro. Aquí sus comentarios.